Baltasar de Alcázar, el poeta gastrónomo | Zapardiel: Revista de Cultura y Gastronomía
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Baltasar de Alcázar, el poeta gastrónomo

Su vida

Baltasar de AlcázarBaltasar de Alcázar (o del Alcázar) nació en Sevilla en 1530, en el seno de una familia acomodada de conversos: fue el sexto hijo del jurado Luis del Alcázar.

Parece ser que estudió Humanidades en León, pero pronto se decidió por la carrera de las armas, sirviendo a las órdenes del marqués de Santa Cruz y de Álvaro de Bazán.

Al retirarse del ejército, ejerce como alcaide de la villa de Molares, al servicio de Fernando Enríquez de Ribera, duque de Alcalá. En esta villa contrae matrimonio, hacia 1565 (1569 según otras fuentes).

En 1583 vuelve a Sevilla, para ocupar el cargo de tesorero de la Casa de la Moneda y Veinticuatro, como administrador del conde de Gelves.

Muere en Ronda en 1606.

Su obra

La poesía de Baltasar de Alcázar es totalmente distinta de las tendencias comunes en su época. Su tono es festivo, burlón, jocoso; satírico a veces, sin llegar a ser sangrante.

Los temas más recurrentes en su obra son los placeres de la buena mesa y los encantos y defectos de las mujeres. Esta temática hedonista ha llevado a considerarlo (equivocadamente, a nuestro juicio) como un poeta menor en numerosas historias de la literatura. No obstante nadie deja de reconocer su talento para la métrica y el ingenio desplegado en la composición: tanto desde el punto de vista del contenido, como desde la forma, siendo consideradas como innovadoras algunas de sus soluciones métricas y estílísticas.

Excepcional latinista, no oculta su admiración por Marcial, de quien imita claramente sus Epigramas. También se nota en su obra cierta influencia de Horacio, no en vano tradujo varias de sus obras al castellano.

La mejor definición de su obra es la que figura en la Enciclopedia Espasa: “Tan original como ingenioso, descuella entre los poetas sevillanos por la travesura, gracia y malicia intencionada de sus versos, su imaginación epicúrea y la facilidad con que salva todas las dificultades de la métrica”.

De su obra destacaremos (aparte de las composiciones gastronómicas, que veremos más adelante), el Diálogo entre dos perrillos, claro antecedente cervantino, Diálogo entre un galán y el eco, y Consejos a una viuda.Sus breves Epigramas anticipan la poesía satírica que tan corriente será en el siglo XVII de Quevedo, Alarcón y Gongora. No nos resistimos a incluir aquí algunos de nuestros favoritos:

A una mujer escuálida

Yace en esta losa dura
una mujer tan delgada
que en la vaina de una espada
se trajo a la sepultura.
Aquí el huésped notifique
dura punta o polvo leve,
que al pasar no se la lleve,
o al pisarla, no se pique.

Job

A Job el diablo tentó
con tanta solicitud,
que los bienes, la salud
y los hijos le quitó.
Más no pudiendo vencer
su virtud, por inquietarle,
trató de desesperarle
y le dejó… la mujer.

El estudiante

Cierto día un estudiante
al revisar su ropilla,
se encontró en la pantorrilla,
un enorme interrogante.
Siguió el pobrete adelante,
y al ver que en puntos hervía
su calceta, maldecía
diciendo: “¡Cuán bueno fuera
si más estambre tuviera
y menos ortografía!”

Constanza

Dos galanes pelearon
sobre Constanza una tarde:
Mirad, así Dios nos guarde,
para donde lo guardaron.
Si nació la enemistad
de verse un poco apretados,
dos pueden caber holgados
y aún tres a necesidad.

La nariz de Clara

Tu nariz, hermana Clara,
ya vemos visiblemente
que parte desde la frente:
no hay quien sepa dónde para.
Más puesto que no haya quien,
por derivación se saca
que una cosa tan bellaca
no puede parar en bien

A un giboso de delante

Un socarrón mesonero
dijo a un giboso al revés:
– No me neguéis esta vez
que cargasteis delantero.
El gibado, a estas razones
replicó: – Es muy importante
llevar la carga delante
quien se halla entre ladrones.

Su circunstancia

El ingenio y simpatía que despliega Alcázar en su poesía, era también parte integrante de su personalidad. Los cargos que ocupó (nominales, más que fuente de trabajo) los consiguió gracias a su caracter festivo y alegre. Tuvo gran éxito en la corte, donde su hermano era el sumiller de cortina del rey.

Su círculo era el del pintor sevillano Pacheco (el mentor de Velázquez), con quien mantuvo una gran amistad. Al taller del pintor solían acudir ilustres plumas de la época, como Quevedo o Góngora.

La gastronomía

Las obras más conocidas de Alcázar son las que reproducimos en la columna de la derecha, y son, precisamente, las que tocan temas relacionados con la gastronomía.

Una cena es su composición más conocida, compuesta en redondillas, combinaciones de cuatro versos octosílabos. En ella, en tono jocoso, relata y adjetiva los manjares que componen la cena (vino, ensalada, salpicón, morcillas, queso…). Aparte de la simpatía que emana del poema, no hay que desdeñar su valor costumbrista, pues pocas veces se ha narrado con tanto acierto un menú corriente en esa España del siglo XVI.

Preso de amores es otra conocida obra de Alcázar, también en redondillas, con la particularidad de que, cada dos estrofas, se repite la rima y el último verso.

Es un canto a las dos grandes pasiones del poeta: el yantar y las mozas. Aunque a la mentalidad actual pueda parecerle indigno sopesar y comparar a la compañera con las viandas, no podemos perder de vista la perspectiva de los más de 400 años transcurridos desde su composición, y sobre todo el tono jocoso y juguetón de la mayor parte de la obra de este poeta.

Su modo de vivir en la vejez es otra serie de redondillas, compuesta en el ocaso de su vida, cuando postrado en cama, necesitaba de cuidados constantes y un régimen ligero, que como podemos ver en el poema, consistía en huevo pasado por agua para desayunar, carne de ave “asada y cocida” como almuerzo y tostadas en vino azucarado para la cena. Podemos considerarlo como la dieta expresada con más gracia que se conoce, sin desdeñar sus propiedades terapeúticas, puesto que Alcázar murió a los 76 años, una edad muy avanzada para la época en que vivió.

Bibliografía

Estudios sobre Baltasar de Alzázar:

Asensio, José María: Francisco Pacheco, sus obras artísticas y literarias. Sevilla, 1876

Beamud, Ana María: Arte e inmortalidad: poesía del Siglo de Oro sobre retratos de difuntos. Revista de Estudios Hispánicos, 1982, 16 (3), págs. 347-359

Carreira, Antonio: Nuevos textos y viejas atribuciones en la lírica áurea. Voz y Letra: revista de Filología, 1990, 1 (2), págs. 15-142

Herrero Inglemo, José Luis: Cultismos renacentistas: cultismos léxicos y semánticos en la poesía del siglo XVI. Boletín d ela Real Academia Española, 1994, 74 (261), págs. 13-192, 237-402 y 523-610

Lara Garrido, José: “El Rosal”, cancionero epigramático de Rodrigo Fernández de Ribera: edición y estudio del MS. 17524 de la Biblioteca Nacional de Madrid (con algunos excursos sobre problemas de transmisión y edición de las poesías de Baltasar de Alcázar). Voz y Letra: Revista de Filología, 1992, 3 (2), págs 23-78; 1993, 4 (2), págs 51-104; y 1994, 5 (2), págs 67-120

Núñez Ribera, Valentín: La poesía de Baltasar del Alcázar. Catálogo de fuentes textuales: I. Manuscritos. Voz y Letra: Revista de Filología, 1997, 8 (1), págs 53-113

Núñez Ribera, Valentín: La poesía de Baltasar del Alcázar. Catálogo de fuentes textuales: II. Impresos e índices. Voz y Letra: Revista de Filología, 1997, 8 (2), págs 77-118

Trambaioli, Marcella: El discurso de unos cuernos de Baltasar del Alcázar: entre donaire e ingenio, con algunas anotaciones sobre el eco literario. Analecta Malacitana, 1998, 21 (1), 57-80

Núñez Ribera, Valentín: Baltasar del Alcázar y la tradición oral. Demófilo: revista de cultura tradicional, 1998 (28), págs. 19-42

González, Eloy: La Grand Bouffe de Baltasar del Alcázar: erotismo y comicidad en los poemas a Inés. En IVth Biennial Conference of The Society for Renaissance and Baroque Hispanic Poetry. University of California, Davis Memorial Union, 28-30 de octubre de 1999

Ediciones de obras de Baltasar de Alcázar:

Alcázar, Baltasar de: Poesías de Baltasar de Alcázar, precedidas de la biografía del autor por Francisco Pacheco. Sevilla : Imprenta de Rafael Tarascó, 1878

Poesías de varios grandes ingenios españoles, recogidas por Iosef Alfay. En Zaragoza : por Iuan de Ybar, 1654

Biblioteca de autores españoles (Tomos XXXII y XLII). 1854-1857

Alcázar, Baltasar de.Poesías. Sevilla : Sociedad de Bibliófilos Andaluces, 1878

Alcázar, Baltasar de: Picardías clásicas, chascarrillos, paradoja, epigramas, jácara, letrillas, canción y romances olvidados o desconocidos. Madrid : M. Alonso, 1902

Alcázar, Baltasar de: Poesías de Baltasar de Alcázar. Madrid : Librería de los sucesores de Hernando, 1910

Alcázar, Baltasar de: Poesías. Madrid : Voluntad, 1925

Alcázar, Baltasar de: Poesía. Madrid : Bruno del Amo, 1925

Alcázar, Baltasar de: La cena jocosa: composición festiva copiada a péñola, con iniciales miniadas, por mauricio Amster y seguida de máximas elocuentes. Santiago de Chile : Editorial Universitaria, 1976

Una cena

En Jaén, donde resido,
vive don Lope de Sosa
y diréte, Inés, la cosa
más brava de él que has oído.

Tenía este caballero
un criado portugués…
Pero cenemos, Inés
si te parece primero.

La mesa tenemos puesta,
lo que se ha de cenar junto,
las tazas del vino a punto:
falta comenzar la fiesta.

Comience el vinillo nuevo
y échole la bendición;
yo tengo por devoción
de santiguar lo que bebo.

Franco, fue, Inés, este toque,
pero arrójame la bota;
vale un florín cada gota
de aqueste vinillo aloque.

¿De qué taberna se traxo?
Mas ya…, de la del Castillo
diez y seis vale el cuartillo,
no tiene vino más baxo.

Por nuestro Señor, que es mina
la taberna de Alcocer;
grande consuelo es tener
la taberna por vecina.

Si es o no invención moderna,
vive Dios que no lo sé,
pero delicada fue
la invención de la taberna.

Porque allí llego sediento,
pido vino de lo nuevo,
mídenlo, dánmelo, bebo,
págolo y voyme contento.

Esto, Inés, ello se alaba,
no es menester alaballo;
sólo una falta le hallo
que con la priesa se acaba.

La ensalada y salpicón
hizo fin: ¿qué viene ahora?
La morcilla, ¡oh gran señora,
digna de veneración!

¡Qué oronda viene y qué bella!
¡Qué través y enjundia tiene!
Paréceme, Inés, que viene
para que demos en ella.

Pues, sus, encójase y entre
que es algo estrecho el camino.
No eches agua, Inés, al vino,
no se escandalice el vientre.

Echa de lo tras añejo,
porque con más gusto comas,
Dios te guarde, que así tomas,
como sabia mi consejo.

Mas di, ¿no adoras y aprecias
la morcilla ilustre y rica?
¡Cómo la traidora pica;
tal debe tener de especias!

¡Qué llena está de piñones!
Morcilla de cortesanos,
y asada por esas manos
hechas a cebar lechones.

El corazón me revienta
de placer; no sé de ti.
¿Cómo te va? Yo, por mí,
sospecho que estás contenta.

Alegre estoy, vive Dios:
mas oye un punto sutil:
¿no pusiste allí un candil?
¿Cómo me parecen dos?

Pero son preguntas viles;
ya sé lo que puede ser:
con este negro beber
se acrecientan los candiles.

Probemos lo del pichel,
alto licor celestial;
no es el aloquillo tal,
no tiene que ver con el.

¡Qué suavidad! ¡Qué clareza!
¡Qué rancio gusto y olor!
¡Qué paladar! ¡Qué color!
¡Todo con tanta fineza!

Mas el queso sale a plaza
la moradilla va entrando,
y ambos vienen preguntando
por el pichel y la taza.

Prueba el queso, que es extremo,
el de Pinto no le iguala;
pues la aceituna no es mala
bien puedes bogar su remo.

Haz, pues, Inés, lo que sueles,
daca de la bota llena
seis tragos; hecha es la cena,
levántese los manteles.

Ya que, Inés, hemos cenado
tan bien y con tanto gusto,
parece que será justo
volver al cuento pasado.

Pues sabrás, Inés hermana,
que el portugués cayó enfermo…
Las once dan, yo me duermo;
quédese para mañana.

Preso de amores

Tres cosas me tienen preso
de amores el corazón,
la bella Inés, el jamón
y berenjenas con queso.

Esta Inés (amantes) es
quien tuvo en mí tal poder,
que me hizo aborrecer
todo lo que no era Inés.

Trájome un año sin seso,
hasta que en una ocasión
me dio a merendar jamón
y berenjenas con queso.

Fue de Inés la primer palma,
pero ya júzgase mal
entre todos ellos cuál
tiene más parte en mi alma.

En gusto, medida y peso
no le hallo distinción,
ya quiero Inés, ya jamón,
ya berenjenas con queso.

Alega Inés su beldad,
el jamón que es de Aracena,
el queso y berenjena
la española antigüedad.

Y está tan fiel en el peso
que juzgado sin pasión
todo es uno, Inés, jamón,
y berenjenas con queso.

A lo menos este trato
de estos mis nuevos amores,
hará que Inés sus favores,
me los venda más barato.

Pues tendrá por contrapeso
si no hiciere razón,
una lonja de jamón
y berenjenas con queso.

Su modo de vivir en la vejez

Deseáis, señor Sarmiento,
saber en estos mis años,
sujetos a tantos daños,
cómo me porto y sustento.

Yo os lo diré en brevedad,
porque la historia es bien breve,
y el daros gusto se os debe
con toda puntualidad.

Salido el sol por oriente
de rayos acompañado,
me dan un huevo pasado
por agua, blando y caliente.

Con dos tragos del que suelo
llamar yo néctar divino,
y a quién otros llaman vino
porque nos vino del cielo.

Cuando el luminoso vaso
toca en la meridional,
distando por un igual
del Oriente y del ocaso,

me dan asada y cocida
una gruesa y gentil ave,
con tres veces del suave
licor que alarga la vida.

Después que cayendo, viene
a dar en el mar Hesperio,
desamparado el imperio
que en este horizonte tiene;

me suelen dar a comer
tostadas en vino mulso,
que el enflaquecido pulso
restituyen a su sér.

Luego me cierrán la puerta,
yo me entrego al dulce sueño,
dormido soy de otro dueño;
no sé de mi nueva cierta.

Hasta que, habiendo sol nuevo
me cuentan cómo he dormido:
y así de nuevo les pido
que me den néctar y huevo.

Ser vieja la casa es esto:
veo que se va cayendo,
voile puntales poniendo
porque no caiga tan presto.

Más todo es vano artificio;
presto me dicen mis males
que han de faltar los puntales
y allanarse el edificio.

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1 comentario

  1. Releyendo a Chesterton descubro un ingenioso artículo sobre el queso y la literatura. Anuncia, en broma, que va a escribir un ensayo en cinco tomos sobre el asunto pero, advierte, será sobre la AUSENCIA del queso en la literatura. Lo que le parece una gran injusticia. Habla de varios quesos ingleses, que pondera, y aprovecha para celebrar su variedad. Que opone, ya en su época, a la estandarización de la mayoría de los productos. El queso suele ir asociado a una comarca o país determinado mientras que el jabón, por ejemplo, se fabrica para mercados amplios. No sin humor asevera que hasta el Gran Lama usa jabón de marca (Dove,probablemente), pero nadie sabe qué ignoto queso degusta. Inmerso en su universo anglosajón el bueno de Chesterton ignoraba, por lo visto, la obra de Baltasar del.Alcázar, que le hubiera encantado. Y hasta puede que se hubiera animado a probar las berenjenas con queso! (Y de ser posible con buen pan de hogaza y no con ese bizcocho con el que le sirvieron un plato de queso en un pub, lo que le hace perorar amargamente sobre la miseria de los tiempos).

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