Origen de algunos dichos relacionados con la cocina | Zapardiel: Revista de Cultura y Gastronomía
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Origen de algunos dichos relacionados con la cocina

Dar con queso

quesoEn todas las obras de referencia que hemos consultado se define esta expresión como usar un engaño para atraer al engañado al fin que se persigue, tal como se hace con el ratón al cebar la ratonera con el sabroso manjar.

Así lo señalan Luján e Iribarren, citando el “Tesoro de la lengua castellana” de Covarrubias: “cebar a uno con alguna niñería, para cogerle como al ratón”, y el “Vocabulario de refranes” de Correas: “atraer a uno, con cosa que apetece, a engaño y trampa, como a los ratones que son golosos por queso”.

Nosotros discrepamos un poco de esta explicación: las definiciones de Covarrubias y Correas se refieren a la expresión “armar con queso”, hoy en desuso, y que, tanto Luján como Iribarren, dan por supuesto que es el antecedente de “dar con queso”. El sentido actual de “dar con queso” parece indicar la idea de usar una distracción para engañar o conseguir algo sin que se percate el engañado. Las interpretaciones hasta ahora apuntadas indican la atracción a una trampa.

Teniendo en cuenta esta diferencia de matiz, nosotros apoyamos la explicación suministrada por Ignacio “Tati” Fernández de Gamboa, miembro de número de Zapardiel, y que consiste en la tradición que existía en las zonas vinateras de La Mancha, de agasajar a los veedores o inspectores vinícolas con un queso en aceite, tan sabroso como potente. De esta manera, se embotaba el paladar del inspector, que era incapaz de distinguir el vino aguado o mezclado del auténtico.

Aunque hoy en día no se utilice la tentación del queso para encubrir deficiencias del vino (cualquier duda que se tenga se disipa probando los exquisitos vinos manchegos), la explicación nos parece que cuadra a la perfección con el sentido de la frase.

Comer de gorra

Esta expresión -que define un deporte que, aunque su práctica va disminuyendo, fue muy habitual en tiempos- y su correalto “gorrón”, aplicado al que lo practica, parece ser que derivan de expresiones bastante antiguas como “meterse de gorra” o “entrarse de gorra”. En el “Vocabulario de refranes” de Correas se explica como “cuando uno se mete con buenas palabras y la gorra en la mano al convite de otros, o cosas semejantes, sin ser convidado”. Vemos, pues, que la expresión y lo que designa vienen de antiguo, y su uso es tan corriente que el Diccionario de la Real Academia Española de la Lengua define “de gorra” como “modo adverbial que significa a costa ajena”.

Que te den morcilla

Muchas veces habremos oído y empleado esta suerte de maldición, con la idea de enviar a alguien a paseo. Sin embargo, no parece nada clara la relación entre la sabrosa longaniza y el deshacerse de una persona de malos modos. La explicación es que hasta finales del siglo XIX, para eliminar a los perros callejeros, se empleaba la “técnica” de darles morcillas envenenadas con estricnina. Esto está perfectamente documentado en Madrid, y parece que también se empleaba en otros lugares. A fines del siglo XIX es cuando aparecen los laceros y las perreras y se abandona este uso espúreo de nuestra longaniza favorita.

Siempre perdiz cansa

Esta expresión se emplea para expresar que una cosa o persona, aunque sea muy buena o la adornen muchas virtudes, acaba aburriendo en su repetición.

En algunas fuentes se explica esta expresión como un viejo proverbio francés, sin embargo, la explicación más generalizada la atribuye a Enrique IV de Francia (reinó de 1589 a 1610). Recordemos que este cínico monarca, primer Borbón en el trono francés, fue el que dijo que “París bien vale una misa” cuando se le expuso la necesidad de convertirse al catolicismo -él era protestante- para poder acceder al trono.

Parece ser que cuando su confesor le reprochó sus constantes infidelidades y le ponderó las virtudes que adornaban a la reina, Enrique IV le contestó con la frase “siempre perdiz cansa”. Según otra manera de contarlo -más a nuestro gusto por sus implicaciones culinarias-, harto el monarca de los reproches de su confesor, le invitó a comer, e hizo que le sirvieran perdiz en todos los platos. Terminado el ágape, preguntó el monarca al confesor qué le había parecido el convite, a lo que este contesto “Majestad, siempre perdiz….”, y el rey le replicó “Monseñor, siempre reina…”.

En Santo Domingo de la Calzada cantó la gallina después de asada

La historia que dio origen a este dicho fue la siguiente:

Durante la época de auge de las peregrinaciones a Santiago de Compostela, en la Baja Edad Media, tres peregrinos alemanes hicieron alto en la posada de Santo Domingo de la Calzada. La hija del posadero se enamoró perdidamente de uno de ellos y, viéndose rechazada y desairada, introdujó una copa de plata en las alforjas del mozo que no le correspondía en sus amores. A la mañana siguiente, se denunció el robo, y se halló la copa en el equipaje del mozo, que fue condenado a morir ahorcado y ser expuesto hasta que se pudriera. Los otros dos peregrinos siguieron su viaje, y al volver a pasar por Santo Domingo, visitaron el cadalso donde hubiera debido estar su compañero. Para su sorpresa encontraron a su amigo sano y salvo al pie de la horca, y a sus atónitas preguntas respondió que le había salvado el apostol Santiago.

Al comunicársele al corregidor la noticia de que el ajusticiado estaba vivo, este exclamó: tan cierto es eso, como que vuelen esas aves que se asan en la lumbre”, dicho lo cual, las gallinas que se doraban en el asador salieron de la estancia por su propio pie.

Bibliografía

* Luján, Néstor. Cuento de cuentos. Barcelona: Círculo de lectores, 1994
* Iribarren, José María. El porqué de los dichos. Pamplona: Departamento de Educación y Cultura del Gobierno de Navarra, 1993

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1 comentario

  1. Me alegra que mi novia me haya recomendado esta pagina. Esta bastante buena. No se equivoco! que sigas bien!

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